Querido cofrade

 

Querido cofrade:

Con la resaca de la Semana Santa y la alegría del Resucitado, te deseo una feliz Pascua de Resurrección.

Termina una intensa semana de procesiones, vía crucis, penitencias, celebraciones, silencios, oraciones, música de bandas y pasos que recorren nuestras calles. Una vez más me ha llamado profundamente la atención la presencia de tantos jóvenes y adolescentes implicados y comprometidos en las cofradías de sus barrios y parroquias.

Jóvenes que tocan en la banda con una pasión que contagia, que cargan los pasos y las cruces con orgullo y fidelidad, que se visten de capuchón con un compromiso que sorprende. Jóvenes que, sin decir una palabra, hablan con su presencia.

Es evidente que la Semana Santa tiene un gran tirón entre los jóvenes. Atrae su estética, emocionan sus gestos y símbolos, conmueven sus imágenes. Sé que para muchos de vosotros es una forma sincera de vivir la fe y de alimentar vuestra espiritualidad. Sé también que en estos días vuestro corazón vibra de una manera especial, quizá incluso difícil de explicar.

Solo puedo daros las gracias. Gracias por vuestro esfuerzo, por vuestro compromiso y por ayudarnos a contemplar, un año más, la pasión y muerte de Jesús.

Sin embargo, permitidme pequeña confidencia nacida del afecto, a muchos de vosotros os echo de menos durante el resto del año. Cuando terminan los días de la Semana Santa, parece que desaparecéis de la vida ordinaria de la Iglesia. Apenas os vemos en la liturgia de cada domingo o en las celebraciones que acompañan el resto del año litúrgico.

Querido cofrade, gracias de corazón por vuestro testimonio de fe durante estos días. Gracias por hacernos vibrar con vuestras procesiones, música y oraciones. Pero recordad que el dolor, la soledad y la muerte sólo tienen sentido porque al final está la Vida. Ya no tiene sentido buscar entre los muertos al que vive.

Solo os pido un favor, del mismo modo que habéis sido testigos de la pasión y muerte de Cristo, sed también testigos de su Resurrección. Vosotros que habéis sabido hacernos vibrar con la Pasión, con el dolor, con el sacrificio. Vosotros que habéis puesto el alma en cada procesión, en cada ensayo, en cada gesto. Os pido ahora que nos ayudéis también a vibrar con la Resurrección.

Ojalá seáis capaces de llenar vuestros barrios, vuestras cofradías y vuestro entorno de la alegría del Evangelio, de la esperanza que nace de la tumba vacía y del gozo profundo de saber que Cristo vive. No dejéis nunca de ser Buena Noticia.

Porque la Semana Santa nos emociona,  pero la Pascua nos transforma.

No olvides que nuestra religión no es fruto de una despedida, sino de un encuentro.

Un abrazo

Sergio Calleja



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